La satisfacción sexual

Abril 21st, 2010

Son muchas las personas que desearían tener una vida sexual satisfactoria. Otras presumen de tenerla. Pero casi todas las personas hemos pasado por épocas en las que nuestra sexualidad nos ha ocasionado malestar y mucha confusión.

Entonces, creemos que dicha confusión se pasará, que poco a poco no sólo entenderemos nuestros impulsos, sino que además conseguiremos equilibrar todos los factores que entran en juego: deseo, oportunidades, experiencia, educación, precauciones, compromiso… En el fondo de todo esto, en realidad lo que se anhela es la satisfacción. Cada persona busca y lucha por la felicidad en distintos ámbitos de la vida, igualmente, desea la felicidad en su vida sentimental y sexual. Pretende alcanzar la satisfacción sexual, lo cual no siempre resulta fácil.

En la consulta sexológica, una de las cosas que más puede llamar la atención es el tiempo que un buen número de personas tardan en buscar ayuda adecuada para sus problemas. A menudo, cuentan que, en el fondo, tienen la esperanza de que con el transcurso del tiempo sus problemas sexuales desaparecerán, que entonces podrán disfrutar de una salud sexual y alcanzarán la plenitud. Ésta es una fantasía porque en realidad las disfunciones no suelen desaparecer si no reciben el tratamiento adecuado.

Sin embargo, lo que se conoce estrictamente como disfunciones sexuales no son las únicas causas de insatisfacción sexual. Quizás sean las más evidentes, pero existen un sinfín de cuestiones más sutiles que pueden dificultar el placer sexual. Desde aspectos relacionados con la educación y las creencias de todo tipo −que pueden provocar vergüenza, culpa, incomodidad…−, hasta un simple desconocimiento acerca de los procesos y las respuestas sexuales. Como si eso fuera poco, además se encuentra el lastre que puede implicar el estrés y el exceso de trabajo, las presiones y obligaciones desmedidas, así como el acelerado ritmo de vida que mucha veces llevamos.

Para cada persona puede existir una razón y casi siempre es ésta susceptible de solución. Muchas veces simplemente se requiere de un cambio de actitud. Y si se piensa que ya se está satisfecho, quizás convenga recordar que la felicidad −en este caso, la satisfacción− no es un estado fijo e inamovible. Más bien es algo pasajero, un instante o una serie de instantes más o menos persistentes, que se desvanecen fácilmente −como una pompa de jabón que flota con suavidad−. Que dure más o menos dependerá del tiempo y del esfuerzo que estemos dispuestos a invertir en el intento.

¿Consideras que en este momento estás viviendo una época de satisfacción sexual? ¿A qué se debe? ¿Hay algo que eches en falta? ¿Cuál es tu actitud con respecto a tu satisfacción sexual? ¿Cómo crees que ha cambiado con el tiempo? ¿Has realizado un esfuerzo consciente por conseguir una vida sexual satisfactoria?

Fuente:  elmundo.es

Video amateur “acto sexual”

Abril 21st, 2010

La mujer toma las riendas del acto sexual.

Sexo oral para la mujer

Octubre 27th, 2009

El sexo oral por muy trasgresor que pueda parecerle a algunas personas es tan antiguo como el ser humano. Para algunas es la manera más placentera de practicar sexo; otras no lo soportan, algunas ni se lo plantean. Nosotros vamos a hacer algunas recomendaciones para que el sexo oral se convierta en una posibilidad realmente gustosa.

Hoy nos centraremos en lo que técnicamente se llama cunnilingus. La palabra viene del latín cunnus: cuña o vulva, y lingus: lengua; relación de la lengua con la vulva. Se trata dos partes del cuerpo muy sensibles; por lo que en teoría, si no existen interferencias mentales, ni bloqueos, el contacto podría ser muy grato. Aunque no podemos dejar de lado que nuestros mapas de amor —como bien explicó John Money en su teoría sobre cómo se construyen nuestras preferencias eróticas— tienen un claro componente social. Y todos sabemos que esa parte del cuerpo, la vulva, siempre se ha relacionado con sucias excreciones. Así, para algunas personas, no es fácil llegar a esta práctica erótica, perdiéndose una clara posibilidad de placer.

En el sexo oral es muy importante tantear el terreno. No ir directamente al grano, esperar que el nivel de excitación vaya creciendo. Empezar acariciando la zona del ombligo —ojo a algunas personas tampoco les gusta mucho que le toquen en esa zona—. Es muy importante ir besando la zona del vientre, con esos besos calientes, que hacen suben la temperatura, chupar, pasar la lengua… Es necesario estar cómodos y que ella esté cómoda.

Las piernas tienen que estar bien abiertas para que no te sientas agobiado; antes de centrarte en la vulva, explora, la cara interna de los muslos, el pubis, las inglés… El clítoris es la zona más sensible, por lo que debes tener especial cuidado al entrar en contacto con él, rodéalo con la lengua, bésalo, succiónalo, pero no te pases con la presión y nada de mordisquear, salvo que ella lo pida expresamente; en esa zona podrías hacerle daño.

Las manos no las dejes quietas, acaricia su cuerpo, recórrelo, suavemente o más apasionadamente, según el ritmo de la boca. Mientras que acaricias el clítoris con la lengua, puedes acariciar con los dedos la zona de entrada de la vagina, que es muy sensible; incluso introducir algún dedo, esto puede ser grato a algunas mujeres, a otras no les gusta que les introduzcan nada mientras les realizan un cunnilingus. Tendrás que ir explorando y comentando con ella sus preferencias. Déjate llevar y explora sus texturas en sintonía con sus respuestas. Si queréis inspiraros escuchar la canción ‘Mojándolo lo todo’, de Luis Eduardo Aute. Maravilloso canto al cunnilingus.

Otra cuestión que tienes que tener en cuenta es que algunas mujeres cuando llegan al orgasmo, no soportan que las sigan tocando y necesitan un periodo de reposo. Es lo que se llama periodo refractario. Algunas lo tienen más marcado y les resulta demasiado intensa la sensación de seguir notando el contacto, sobre todo en el clítoris —como les pasa a la mayoría de los hombres cuando se corren—; a otras, aunque hayan orgasmado, no les importa que les sigan acariciando. Tienes que estar atento y ver como responde. Lo mejor es dejar que orgasme tranquila, abrazarla y besarla, ese tipo de contacto lo agradece y aprecia después del orgasmo.

Y por último, aunque tendría que figurar en primer lugar, está la consideración a la higiene. Cuestión clave para estar realmente cómodos. A algunas personas les gustan los efluvios sexuales intensos, pero la mayoría prefieren que la zona este limpia. Muchas mujeres comentan en consulta que se sienten inseguras por si no están bastante limpias. Agua y jabón es suficiente. Tampoco hay que exagerar, afortunadamente somos un país de usuarios del bidé y con el lavado diario es suficiente. Otra posibilidad es tomar juntos una ducha previa: la ducha se puede convertir en un excelente preámbulo erótico.

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Cuando se acaba la pasión

Octubre 27th, 2009

En ocasiones puede ser bastante complicado para uno o ambos miembros de la pareja aceptar que el amor y la pasión en su relación se han terminado. De hecho, en un gran número de casos, lo que ocurre es que los sentimientos positivos van apagándose gradualmente y la persona, o la pareja, no llegan a ser conscientes de inmediato del desgaste y paulatino deterioro de su amor.

No es siempre el miembro de la pareja que primero se percata de este hecho quien toma la iniciativa para poner fin a la relación. A veces, simplemente calla, aguanta y quizás desea que algo ajeno a la relación influya positivamente en ésta y mejore. Tal vez la realidad es tan dura que la tentación es evadirse y fingir que la situación de la pareja es estupenda. Proceso que, en cualquier caso, suele producirse de forma inconsciente.

En las relaciones de pareja existen diversos factores que influyen y que pueden dificultar que las señales del deterioro sean suficientemente claras. Pueden mezclarse con el deseo de que “nada cambie”. No obstante, suele haber indicios inequívocos que muestran a la persona (o a la pareja) que es tiempo de concluir la relación.

Con demasiada frecuencia, lo más sencillo es sucumbir a la inercia, alargando la relación de manera artificial, más que admitir que es probable que la relación lleve un tiempo moribunda. A veces es el apego lo que puede confundir los sentimientos. Hay gente que lo confunde con el amor. No obstante, el apego tiene más que ver con la fuerza del hábito o la costumbre que con la emoción amorosa. Implica un cierto grado de dependencia, que a veces contribuye a la creación de relaciones de amor-odio.

No podemos olvidarnos del miedo. Es bastante común encontrar a personas que por temor a nuevas situaciones prefieren mantener relaciones que son dañinas, destructivas o, por lo menos, poco edificantes y nada prometedoras. Se agarran a un clavo ardiendo a ellas. Se olvidan de que por muy triste que parezca cerrar una puerta, ello les ofrecerá la oportunidad de abrir otra nueva. Con la ruptura surge la posibilidad de que, en un tiempo, otra relación pueda surgir, y, quizás, ofrecer mayores garantías de satisfacción y concordia. También hay quienes rehúsan terminar una relación de pareja por miedo al “qué dirán”. Dan más importancia a la crítica social que a su estado de insatisfacción e infelicidad.

En muchas ocasiones hemos sido testigos de lo que puede parecer una ruptura bastante traumática. Alguno o ambos miembros de la pareja sienten que no podrán vivir sin el otro, que el futuro no tiene alicientes ya para ellos. Lo curioso es que, a veces, al poco tiempo ya cuentan con una nueva pareja y pareciera que llevan con ésta toda la vida. Por experiencia, sabemos que hay personas para quienes parece más importante aferrarse más a la idea de contar con una relación de pareja que a una persona en concreto. Es decir, lo que desean es tener una pareja y les importa menos quién es ésta.

En cualquiera de los casos, al final, lo importante es tener capacidad de autocrítica, ser honestos y valientes para realizar una evaluación lo más objetiva posible del estado de nuestra relación y de nuestros niveles de satisfacción. Llegados a un cierto punto, si nuestra relación sentimental no es lo suficientemente positiva, han de tomarse decisiones. Ya sean para mejorarla o para marcar el final de la misma.

Es verdad que hay parejas que se aferran a una relación tormentosa y poco viable, pero también hay otras que dicen “hasta aquí” con demasiada facilidad o muy pronto y eso tampoco es positivo. El secreto está en saber encontrar el punto justo.

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Sustitutas sexuales: ¿terapeutas o putas?

Octubre 27th, 2009

Los pioneros de la terapia sexual William Masters y Virginia Johnson, en su primera época, contaron en su equipo con una doctora en medicina que colaboraba en su investigación y en la terapia sexual, donde participaba como sustituta sexual en algunos casos de hombres que acudían a terapia sexual y no tenían pareja. Dado que el protocolo de intervención de estos famosos terapeutas implicaba el formato de ‘pareja —de terapeutas— trata a pareja –de pacientes-’, investigaron la viabilidad de recurrir a sustitutas para varones sin pareja. Múltiples polémicas suscitó esta modalidad.

Una de las cuestiones fue por qué no utilizaron también sustitutos para mujeres sin pareja. Argumentando los doctores que la mujer sólo podía acercarse al placer sexual si emocionalmente estaba también implicada, de tal manera que, a diferencia del hombre, a ellas no les servía cualquiera para practicar y aprender a orgasmar, resolver su vaginismo o una aversión al sexo. El planteamiento es compatible con la visión paternalista y machista de la época. Aunque contradictorio, ya que la sustituta era mujer y no tenía inconveniente en practicar sexo sin estar emocionalmente implicada.

En nuestra propia experiencia como terapeutas sexuales, nunca hemos recurrido a la figura de la sustituta —ni sustituto—. De hecho, el estilo de intervención terapéutica ha evolucionado mucho en los 50 años transcurridos desde que Masters y Johnson ensayaban los primeros modelos de terapia sexual. Es cierto que en algunas ocasiones nos han ofrecido la posibilidad de disponer de señoritas con instrucción y preparación para que puedan actuar como sustitutas. Es obvio que disponer de proveedores de señoritas no es otra cosa que estar en el negocio de la prostitución y las relaciones previo pago suelen tener un componente perverso difícil de asumir. Pero, aunque fueran componentes de una ONG que se dedican predicar el sexo libre y gratuito, no nos atreveríamos a utilizar sus servicios, teniendo en cuenta la complejidad de las relaciones humanas y el diverso significado que las vivencias sexuales pueden tener para cada persona. Entre otros, no podríamos correr el riesgo de que los pacientes se quedaran colgados de los sustitutos.

Por eso durante 25 años de terapia sexual hemos ido desarrollando estrategias para intervenir en problemas sexuales con hombres o mujeres sin pareja. Éstas siempre han ido encaminadas a que las personas aprendan a resolver su problema sexual desde su realidad, contemplando el deseo de buscar una relación. Lo que tiene que quedar claro, dentro de los objetivos terapéuticos, es que lo importante es aprender a gestionar el propio placer, sólo o en compañía. Si se plantean dificultades para encontrar pareja, se trabaja con la persona. En el proceso terapéutico se promueven habilidades de relación y estrategias de acercamiento: la seducción es un mundo que tiene sus claves y que también se aprende. El sexo fundamentado en relaciones honestas es clave para el bienestar.

Una vuelta de tuerca más, en este asunto del recurso a las sustitutas sexuales, la ha dado la londinense Mare Simone, que afirma estar muy orgullosa de haber sostenido relaciones sexuales con un gran número de hombres. Sin embargo, asegura que lo que hace no es prostitución, ya que lo hace con fines terapéuticos. Esta mujer declara: “Me gano la vida durmiendo con maridos o novios. Pero no soy de ninguna manera una prostituta, como subrogación el sexo es legal, siempre y cuando se haga en un ambiente terapéutico y curativo. La gente paga por el asesoramiento y para curar sus problemas, no por el sexo. Estoy ayudando a mejorar y cambiar la vida sexual de miles de hombres, lo que significa que también estoy ayudando a mejorar la vida sexual de sus esposas y novias”. La terapia es una cosa muy seria, que conlleva una preparación clínica y una gran responsabilidad. La ignorancia siempre ha sido muy atrevida y entendemos que, dado el señalamiento social que pesa sobre las prostitutas, Mare Simone quiera disfrazar su función.

No se trata de denostar el oficio de puta, cada cual tiene su función. Pero no se pueden mezclar churras con merinas —como dice el consabido dicho— y menos en temas de salud. Una persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero es una prostituta, y la relación que establece tiene unas claves, por mucho que adorne su papel. La terapia sexual es otra cosa muy diferente —seguramente peor pagada— con una formación universitaria específica y con unas reglas claras. Si un terapeuta se acuesta con su paciente estaría transgrediendo los más elementales principios éticos de la profesión. Seguramente se pueden encontrar prostitutas con estudios de psicología y sexología, pero en el caso de poder ejercer las dos funciones, tendrían que optar; porque no nos equivoquemos, las funciones son absolutamente incompatibles como ya hemos explicado y así lo recogen los códigos deontológicos de los colegios profesionales de Médicos, de Psicólogos, y de la Asociación Española de Especialistas en Sexología.

Por otro lado, podemos encontrar terapeutas que se enamoran y viven relaciones con quienes hasta ese momento han sido sus clientes. Pero ésa es la clave, si cambia el tipo de relación y se convierten en novios, amantes, amigos íntimos…, debe abandonarse la relación paciente-terapeuta. Las posiciones del terapeuta y del paciente son asimétricas y están reguladas por un código ético. El vínculo terapéutico ubica al terapeuta en el lugar del supuesto saber, lo que le facilita poder manipular fácilmente la relación. Por eso, la profesión de terapeuta conlleva una gran responsabilidad y requiere una larga formación y entrenamiento para no caer en la tentación de servirse del paciente para favores sexuales u otros menesteres, en lugar de ocuparse de ayudarle a resolver su problema.

Las relaciones humanas son muy complejas y la conducta sexual no suele vivirse de manera intrascendente. Por eso la sexología clínica no se rige por un planteamiento mecanicista —como si de llevar el coche al taller se tratara—, se plantea desde una perspectiva integradora que incluye aspectos físicos, psicológicos y sociales.

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La mejor experiencia sexual

Octubre 27th, 2009

A menudo nos preguntan qué hacer para mejorar el rendimiento sexual. Casi toda la literatura científica sobre la sexualidad humana y la terapia sexológica está centrada en el tema de las disfunciones o su intervención. Podríamos decir que se trata de un ejemplo del modelo médico, el cual ha cumplido una importante función. Explica, hasta cierto punto, las causas por las que el sexo puede ir mal. Sin embargo, eso no implica que quede claro en qué consiste el buen sexo y cómo se puede potenciar el placer al máximo.

Está claro que es cuestión más bien subjetiva y que el concepto de ‘buen sexo’ seguramente varía de una persona a otra. De hecho, para cada individuo, en alguna época de su vida, el buen sexo puede implicar ciertos factores distintos a otros períodos. Algunos encuentros sexuales, que en su momento parecieron meramente satisfactorios, aunque no sobresalientes, en retrospectiva -a través de la lente del tiempo y la fantasía- pueden parecer mejores.

Debido a que estamos cambiando y creciendo constantemente, también enfocamos de distinta manera cada encuentro sexual. Intentemos recordar, por ejemplo, cómo fue nuestra primera experiencia sexual, nuestro primer orgasmo en compañía. Es muy posible que estuviéramos con los nervios a flor de piel, sintiéndonos vulnerables y particularmente inseguros. Al mismo tiempo, esa inocencia inicial también aportaba un toque de encanto e ingenuidad al sexo realizado.

El buen sexo tiene poco que ver con seguir una lista de instrucciones o con intentar repetir rutinas. Tiene muchísimo que ver con la sensibilidad, la sensualidad, la receptividad, el equilibrio, etc, que cada pareja puede encontrar. Quizá resulte imposible describir con palabras lo que implica tener buen sexo. Tal vez lo único que podemos hacer es recordar aquellas relaciones sexuales o aquella situación en la que disfrutamos especialmente y en donde llegamos a sentir que casi estábamos en el paraíso.

Muchas veces evocar nuestros recuerdos sexuales placenteros puede potenciar nuestra confianza y mejorar la actitud con la que enfocamos y abordamos las relaciones sexuales. Lógicamente, no se trata de evocar recuerdos pasados para compararlos con el presente, si no para generar un estado de ánimo positivo con respecto al sexo y el disfrute.

Ante todo es muy posible que el mejor sexo sea aquel que se consigue por el esfuerzo y entusiasmo de ambas personas, así como por su capacidad para dar y recibir. El trabajo en equipo garantiza sexo más satisfactorio.

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Clubes de Sexo

Octubre 27th, 2009

Los clubes de sexo son sitios donde las personas pueden participar en actividades sexuales en zonas públicas. El término también puede usarse en general para referirse a locales públicos, donde la actividad sexual a menudo se efectúa en cabinas privadas. Los establecimientos de mayor tamaño pueden incluir también instalaciones más típicas de un club nocturno, de un bar o una discoteca. En algunas épocas y en ciertas ciudades han sido clandestinos o ‘underground’.

En términos generales, los clubes de sexo se distinguen de los burdeles en el hecho de que en los primeros los clientes pagan por ser socios del club. Esto incluye el derecho a participar en las actividades organizadas por el mismo. Algunos clubes son exclusivamente para parejas heterosexuales, otros están dirigidos a clientes homosexuales o pueden tener alguna temática concreta. Podrían, por ejemplo, tener en común alguna práctica fetichista (cuero, atuendo deportivo, vaqueros…) o, incluso, parafílica.

Lo cierto es que se trata de locales donde suelen organizarse una serie de actividades sexuales en las que pueden participar todos sus miembros. Dichas actividades suelen celebrarse regularmente, ya sea una vez a la semana, al mes, etc. También hay lugares que organizan ‘gang bangs’; es decir, actividades en las que un grupo de hombres puede tener sexo con una sola mujer. Igualmente, existe un equivalente gay de esta práctica.

Aunque algunos clubes de sexo no estipulan ningún tipo de limitación, también los hay que organizan fiestas de sexo seguro. Al entrar, la gente se desnuda y deja su ropa en una pequeña taquilla a la entrada. Algunas personas se quedan simplemente en ropa interior. Hay quienes aprovechan para lucir un modelo de lencería o para presumir de sus genitales. Lógicamente, este tipo de lugares se prestan más para personas con tendencias exhibicionistas. En cualquier caso, las normas de sexo seguro son inflexibles. A quien se descubra infringiendo las reglas simplemente se le pide que se marche.

Todos los miembros aceptan que si alguien dice “no”, eso significa “no”. El intentar forzar una situación podría considerarse delito, en muchos casos. Y aunque este tipo de situación no suele pasar a mayores, por lo menos se expulsa a la persona del lugar y se le restringe la entrada en futuras ocasiones.

Con el advenimiento de Internet, hoy día, muchos de estos clubes cuentan con una página web y un foro de participantes. Eso permite que en ocasiones también se organicen fiestas de sexo a nivel privado y van cambiando el sitio de encuentro, entre otras cosas para evitar redadas policiales y visitas indeseadas.

En la mayoría de los clubes de sexo en Estados Unidos y Canadá no se vende alcohol ni se permite el consumo de drogas. Intentan, de este modo, alentar la seguridad de las prácticas sexuales y la integridad de los participantes.

En el 2004, Jack Ryan, un candidato republicano del senado estadounidense, tuvo que renunciar a su candidatura debido a un escándalo relacionado con un club de sexo. Se le acusó de asistir a uno de estos clubes donde se le había visto teniendo sexo con su esposa.

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Ver Clubs / Clubes de Sexo

Sexo como evasión

Octubre 27th, 2009

Como ya comentábamos en ‘¿Cuáles son tus motivaciones para follar?’, el sexo puede realizarse con la finalidad de cumplir distintos cometidos, y no siempre son éstos la procreación y el placer. De hecho, al igual que puede ocurrir con la comida o la televisión, por ejemplo, hay personas que utilizan el sexo para refugiarse de las miserias de su vida diaria o para evadirse de sus problemas.

Se ha comprobado que el ser humano tiene una inmensa capacidad para evadirse. Aunque esto puede cumplir una función positiva en situaciones amenazantes, también suele conducir a serias complicaciones, paradójicamente. La evasión cumple la función de actuar como mecanismo de defensa. Se presenta cuando una persona siente algún tipo de conflicto (agobio, temor, culpabilidad…) con respecto a una situación determinada y actúa como si ese conflicto no existiera. Es una paradoja que permite a la persona continuar con su vida sin tener que gestionar la situación conflictiva. Inconscientemente, cree que al ignorarla no tiene necesidad de enfrentarla.

La forma más común de evasión es mediante el consumo de drogas. No obstante, no es la única manera. En ocasiones la persona consigue evadirse sin necesidad del consumo de una sustancia química. Hay individuos que han desarrollado la habilidad para desconectar de su realidad viendo televisión, navegando por Internet, comiendo… y sí, también, practicando el sexo.

Se puede decir que para este tipo de persona es irrelevante con quién se tienen relaciones sexuales. Lo importante es tener la oportunidad de evadirse y olvidarse de su cotidiana realidad. Por ello, cuanto más acusada es la necesidad de evasión, mayor será la compulsión hacia el sexo. En este sentido, el sexo puede comprender una inmensa variedad de prácticas. Puede tratarse, por ejemplo, de actividad masturbatoria. Sin embargo, puede también implicar a otra u otras personas. En cualquiera de los casos, la persona experimenta un conflicto y casi de forma automática busca sexo para evitar enfrentarse a dicho conflicto, para evadirse… Obviamente, en la medida en que esta situación se repite, el grado del problema es mayor.

En los casos que hemos tratado en consulta, generalmente el paciente -es más común en hombres que en mujeres- busca una relación extramarital o se aficiona a visitar prostitutas, por dar un par de ejemplos. Crea una especie de doble vida, que le permite alejarse de los conflictos de su vida cotidiana y de las frustraciones de su existencia.

La gran paradoja, no obstante, es que si al principio la persona actúa para eludir enfrentarse a una situación problemática, al no hacerle frente, lo único que consigue es complicarse la vida aún más. Recordemos que la omisión es una acción pasiva y tiene consecuencias.

En el caso de algunos de nuestros pacientes, hemos llegado a ser testigos de situaciones de sufrimiento extremo debido a esa tendencia a evadirse y a esconderse de los problemas. En ocasiones, cuando vuelven a la realidad -por ponerlo de ese modo-, se encuentran que ahora sus problemas son mayores y que han de sufragar los daños ocasionados por su tendencia a la evasión. Terminan entendiendo que la evasión no representa ninguna solución real. Se dan cuenta de la necesidad de cambiar el uso que han ido haciendo del sexo.

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Crisis, porno amateur y dinero por sexo

Octubre 27th, 2009

Cada vez resulta más evidente que la crisis económica generalizada está cambiando un gran número de costumbres alrededor del mundo. Esto incluye, asimismo, las costumbres sexuales. Por el momento no existen datos oficiales con respecto al efecto de la crisis económica y los hábitos sexuales de la población, pero quisiéramos detenernos en un interesante ejemplo: el porno.

La industria del porno, al igual que otros grandes gremios, está sufriendo los estragos económicos. Aunque se advierte de los peligros por no consumir, muchas personas prefieren apretarse el cinturón también en este terreno. Además, al porno profesional le han salido serios competidores.

Hace un tiempo ya anticipábamos el creciente interés generado por algunos foros en Internet para personas aficionadas al porno amateur. Ofrecíamos por ejemplo, el caso de “el club de las mujeres promiscuas y los maridos mirones“.

El movimiento de vídeos pornográficos a través de la red ha aumentado considerablemente en los últimos meses. Nunca antes en la historia de la humanidad se habían filmado tantas escenas sexualmente explícitas desde la comodidad del hogar y por un número tan elevado de personas.

El interés por el sexo se ha manifestado a lo largo de toda la historia. Sin embargo, la era moderna proporciona los avances tecnológicos y la infraestructura (en forma de Internet) para realizar y difundir material erótico a gran escala. Si echamos un vistazo en cualquiera de los foros sexuales de la red, encontraremos millones de usuarios registrados. Y tantos foros disponibles nos dan una idea de la magnitud del fenómeno y la popularidad que está alcanzando.

Además de los aspectos económicos, los cuales indudablemente están transformando los hábitos de muchos sectores de la población, existen otros elementos que favorecen su consumo. Los usuarios se identifican mejor con el material pornográfico que aparece en dichos foros porque ahí salen personas “normales y corrientes”. Ya se sabe que a menudo las dimensiones de los actores y las medidas de las actrices porno quedan muy lejos de la cotidianeidad del espectador. En cambio, las escenas de porno amateur de muchos foros permiten a un buen número de usuarios imaginar que son ellos los protagonistas. Además del morbo que supone pensar que no son profesionales y, que algo así podrían hacerlo ellos o cualquier vecino o amigo.

Entre la enorme cantidad de vídeos pornográficos encontrados, existe una gran variedad de temáticas. Los contenidos pueden ser interesantes y ciertamente son testimonio de la imaginación de todos esos porno-aficionados. Un porcentaje alto de personas que se filman y cuelgan sus vídeos lo hacen de modo que no sea posible reconocerles en la vida real. No obstante, existen otros tantos aficionados que sí dan la cara, y que muestran muy poca timidez ante las cámaras y prácticamente se desmelenan en todos los sentidos. La motivación en este caso no suele ser económica; obedece más bien a un doble interés: exhibirse sexualmente y contemplar las escenas filmadas por otras personas.

Este tipo de prácticas son nuevas en nuestra sociedad. Por primera vez, las personas que tengan curiosidad pueden ser testigos de la vida sexual de sus congéneres Y todo desde la intimidad de su hogar y sin necesidad de ser identificados ni de interactuar.

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Piel sexual

Octubre 27th, 2009

La piel que recubre nuestro cuerpo no sólo es una magnífica barrera frente a cualquier infección. En las proximidades de los orificios corporales, ésta modifica su estructura, constituyendo lo que denominamos mucosas, y éstas, a cambio de su mejor adaptación funcional, sacrifican algunas de las propiedades defensivas. De alguna forma, compartir intimidad sexual equivale a poner en contacto nuestras respectivas mucosas. La ley del deseo, pasa por el deseo de fusión, y desde bien pronto, nos focaliza en sus orificios, su natural vía de acceso.

Disfruta de las caricias.

Una persona de tamaño medio dispone de una extensión de piel cercana a los dos metros cuadrados. Es una lástima que semejante extensión sensible, se vea reducida en demasiadas ocasiones a poco más que un escaparate o tarjeta de visita que no tiene más utilidad que servir de reclamo para esos escasos minutos de penetración. La historia que nos cuenta una chica, cuando se le pregunta sobre la situación más desagradable de su vida sexual, ilustra la poca atención que muchas personas le dan a las caricias, al disfrute de la piel, sin tener en cuenta que esa amplia extensión de nuestro cuerpo es una maravillosa antesala del clímax, un camino que precisa andarse despacio para disfrutarlo bien.

Laura nos comenta su turbación durante un encuentro con un chico con muy pocas habilidades eróticas. “Ocurrió cuando tenía 21 años (…). Aquel día y con aquella persona la cosa no salió nada bien. Primeramente he de decir que yo consentí en hacer el amor con él, es decir, sexualmente lo deseaba. Los primeros minutos fueron estupendos; yo explore su piel, él recibió un masaje con mis manos sobre su espalda y yo disfrutaba de ver que él se lo estaba pasando bien. Pero mi sorpresa fue que se excitó tanto, según él, que pasó a la penetración sin más reparos y sin calentamiento alguno. Mi opinión no contó, ni siquiera me preguntó si me apetecía que me penetrara en ese momento, tan sólo actuó. Encima de todo, la postura era incómoda, con lo cual yo lo estaba pasando bastante mal, pues por una parte no estaba nada lubricada, y por otro lado me sentí un poco humillada, un poco objeto, nada persona…”, explica.

Que quede claro que este paso rápido a la penetración, salvo contadas ocasiones, no suele ser la mejor manera de disfrutar del sexo, y puede transformar un prometedor encuentro, en la peor experiencia sexual vivida. En este caso todo estaba a favor: la chica estaba dispuesta, dos cuerpos jóvenes con ganas de disfrutar… pero la nefasta habilidad erótica y la compulsión penetradora pueden convertir la danza erótica en un desgarbado manoseo.

Aprender a tocar es la eterna lección. En algunos post ya hemos hecho hincapié en este tema, tan importante en la terapia sexual: Lo sensual de las experiencias táctiles y De las caricias a la pasión. Es penoso que la compulsión por la descarga eyaculatoria prive a hombres y mujeres del placer de disfrutar con nuestro mayor órgano sexual. Especialmente entre los varones, es demasiado frecuente el que se vean abducidos por “las zonas erógenas”, se centren en las mucosas que cual agujeros negros les atrapan en un fugaz estallido orgásmico, consumiendo de manera compulsiva el orgasmo eyaculatorio, sin degustar la esencia del placer.

Uno de los objetivos en terapia sexual es que la pareja aprenda de verdad a dar y recibir caricias, a disfrutar de esa maravillosa extensión de receptores sensoriales que tan bien han cantado los poetas. No en vano uno de los atractivos universales es la calidad de la piel: muy blanca en algunos tiempos, bronceada en los nuestros, atrae como un imán. Pieles de melocotón, de porcelana, de ébano, pieles lisas y suaves, con un ligero vello, o con pelo en el pecho. Pieles que, ahora con la llegada del verano, al ver los cuerpos en toda su amplitud a orillas de piscinas, ríos y playas nos invitan a disfrutar.

¿Sacas partido de tu mayor órgano sexual? ¿Te permites disfrutar de tu piel y la de tu pareja o eres de los penetradores compulsivos? ¿Te has sentido sexualmente utilizada o utilizado de forma similar a la que nos relata Laura?

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Los peligros de la asfixia sexual

Octubre 27th, 2009

La asfixiofilia, también llamada asfixia sexual, asfixia erótica, conducta hipoxifílica, —por la hipoxia, la falta de oxigeno que produce—, es una parafilia, una práctica que busca privar al cerebro de oxigeno para incrementar el placer sexual.

En el campo de la sexología fue John Money uno de los primeros en documentar esta práctica, cuando publicó ‘The Breathless Orgasm’ (’El orgasmo sin aliento’). Según Money, en el mapa del amor del asfixiofílico, imágenes infantiles erotizaron el estrangulamiento, asociando el sufrimiento al placer. Estas imágenes eróticas quedaron fijadas y lo llevan a una conducta compulsiva, necesitando reducir el nivel de oxígeno cuando busca el placer sexual.

Lo más frecuente es que este tipo de conducta se asocie a la masturbación, seguramente debido a que puede ser difícil de entender para otras personas. En una escena de la película ‘El refugio de mi padre‘ —curiosamente neozelandesa, como John Money—, se retrata fielmente esta práctica cuando, en pleno coito, con una chica esta encima de él, el personaje coge su cinturón y se lo pasa por el cuello, apretando hasta que le sobreviene el orgasmo. La chica, sintiéndose excluida del juego erótico, salta de la cama abandonando al que hasta hacía un momento había sido su compañero sexual. No obstante, en ocasiones, la práctica es compartida y una persona estrangule a la otra, como ocurre en la película ‘El imperio de los sentidos‘ de Nagisa Oshima.

Si la asfixia la práctica el propio sujeto se denomina autoasfixia erótica. Son varios los métodos que se suelen utilizar para reducir el aporte de oxígeno: bolsas de plástico, las manos desnudas, una cuerda o cualquier otra atadura. Conocemos un caso de abusos sexuales en el que el niño describe muy bien la práctica: cuenta cómo su padre se pone los dedos en la nariz hasta que se queda sin aire y casi se desmaya, y que a él le pone el cinturón en el cuello y aprieta hasta que no puede respirar.

La asfixiofilia, además de ser una práctica extremadamente arriesgada, hace que la persona se siente mal al darse cuenta que sin estar cerca de la asfixia no puede llegar al orgasmo. Su peligrosidad se debe a que puede producir pérdida de conciencia y lleva a su practicante al borde de la muerte. Es lo que le pasó a un diputado británico al que se encontró atado, vestido de mujer y asfixiado por unas medias de nylon que le cubrían la cara. Como sucede en este caso, donde se asocia al auto bondage y al fetichismo travestista, es frecuente encontrar la asfixiofilia relacionada con otras parafilias. No cabe hablar de suicidio ya que, si llega a ser mortal, es porque en el momento del orgasmo el oxígeno no llega al cerebro, la persona se puede desmayar y no llegar a desatarse a tiempo.

Según estima una prestigiosa revista de psiquiatría forense, se calcula que al año pueden morir de 500 a 1000 personas como resultado de esta práctica. Es una conducta sexual muy poco frecuente por los riesgos que entraña. De hecho, se conoce más la asfixiofilia por la psiquiatría y la psicología forense que por la clínica sexual: estas personas no suelen acudir a consulta.

En la autopsia psicológica se distingue el suicidio de la muerte autoerótica analizando la escena del crimen. La presencia de los siguientes indicadores ofrece importantes claves: mecanismos de autorrescate como un nudo corredizo o un cuchillo a mano para cortar las ataduras; signos de conductas sexuales masoquistas en los genitales, los pezones, etc; ataduras con significado sexual; juguetes sexuales, espejos o pornografía; rastros de la práctica de otro tipo de parafilias.

Considerando las mortales consecuencias que puede conllevar esta práctica, se recomienda el tratamiento sexológico. El objetivo no es privar al sujeto de su fuente de placer, sino ayudarle a canalizarla de manera más controlada y menos destructiva. En algunos casos, en un primer momento, puede ser necesario el apoyo farmacológico para ayudarles a controlar conductas compulsivas.

Info: Soitu.es

¿Cuál es tu motivación para follar?

Octubre 27th, 2009

El sexo, en términos generales, puede cumplir dos fines: la procreación y el placer. Nos gustaría pensar que cada vez queda menos gente que limita sus actividades sexuales tan sólo para fines reproductivos —ya que se pierden una parte muy importante de la función sexual— y que cada vez hay más personas que ven el valor de practicar el sexo por placer. Sin embargo, existen otras motivaciones también por las que las personas deciden tener actividad sexual.

Los humanos reconocemos el placer, y la mayoría estaremos de acuerdo en que está asociado con emociones y estados de ánimo positivos. Desde una perspectiva científica, no obstante, el placer es un concepto difuso. Los estudios en distintas culturas sobre la habilidad para descodificar emociones han sugerido un conjunto de emociones universales básicas. Éstas incluyen enfado, rechazo, miedo, tristeza y gozo.

Aunque las definiciones varían, generalmente se acepta que las emociones pueden agruparse en dos categorías: básicas o universales y emociones superiores. Por ejemplo, hay autores que proponen que las emociones son sentimientos pasajeros que incluyen gozo, agobio, enfado, sorpresa y rechazo. Sugieren que hay otro conjunto adicional de emociones cognitivas superiores, que requieren interacciones sociales, como pueden ser el amor, la culpa, la vergüenza, el orgullo, la envidia, o los celos. Proponen que la diferencia principal es que todas las emociones cognitivas superiores son esencialmente sociales, de una forma que las emociones básicas no lo son. “Puedes tener miedo o rechazo con respecto a objetos inanimados y a seres no humanos, pero el amor y la culpa requieren a otras personas para su existencia”.

Por otra parte, la teoría del intercambio social sugiere que, al igual que el dinero se intercambia por bienes y servicios, los individuos pueden entrar en relaciones íntimas de la misma manera. Es decir, sopesan los costos relacionados con los beneficios que probablemente recibirán de parejas concretas y específicas. Dicha teoría, asimismo, sugiere que la gente está motivada por maximizar los beneficios en las relaciones (amor, compañía…) y por minimizar los costos (trabajo, conflicto, compromiso…) y sugiere que el sexo es un tipo de moneda de cambio que la gente usa para obtener ventajas o, por lo menos, para intentar llegar a un acuerdo equitativo.

El sexo para obtener beneficios

De esta forma, algunas personas pueden asumir la actividad sexual por beneficios personales o materiales. Por ejemplo, puede realizarse para degradar, controlar y dominar, castigar y hacer daño; para superar la soledad o el tedio; para afirmar el ego; para rebelarse contra alguna autoridad; para establecer nuestra sexualidad, para alcanzar competencia sexual; para demostrar que es posible conseguir acceso sexual; por obligación; por aventura; para obtener favores —como puede ser una mejor posición profesional o un mejor estatus—; o incluso para ganarse el sustento y poder vivir. Son éstos algunos de los ejemplos más comunes.

Mientras que el placer sexual hedonista puede ser la meta para algunas personas en algún momento concreto de su vida, sus razones pueden cambiar. Puesto que la conducta humana es muy compleja, sería ilógico pensar que el placer hedonista es la única razón para la actividad sexual. Vivimos en una sociedad que idealiza el romanticismo y puede sonar a herejía sugerir que los individuos participan en el sexo por razones relacionadas con cosas distintas al placer o la procreación. Sin embargo, sería ingenuo negarlo.

¿Buscas siempre lo mismo en el sexo? Además de placer o procreación, ¿qué otras cuestiones pueden motivarte a tener sexo? ¿Cuál es tu experiencia al respecto?

Info:  Soitu.es

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